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lunes, 9 de junio de 2014

Crónica liviana del trail del Mandeo.

Las vacaciones son un momento excelente para plantearse nuevos propósitos deportivos. No suelen ser tan buenos para realizarlos. 
Me fuí a Lanzarote 15 días a disfrutar de familia y en especial de la nieta. (Considero que las dos semanas es el límite superior de lo soportable por parte de los acogedores, así que regresé antes del desahucio). 
Partí lleno de buenas intenciones. Volví con los propósitos incumplidos, corto de entrenamiento, largo de cañas y de excesos dietéticos y ajustado de sol y mar. 

Me había inscrito al Trail del Mandeo y allí me fuí. Hacía más de dos años que no corría una prueba de montaña y desde luego no iba en las mejores condiciones. El ambiente era extraordinario. 
El CAS presentaba una nutrida representación, más de 20 participantes de 300. El tiempo bonancible y la temperatura agradable. 
Recogimos el dorsal en el templete de la plaza García Hermanos, (la forma en la que estos ilustres ilustrados hicieron su fortuna en la Argentina,  con los terrenos del ferrocarril, los convierte en precursores de la moderna especulación, aunque han sido ampliamente superados). 
Se formó una larga cola y parecía que no serían capaces de distribuir los dorsales a tiempo. Salimos 5 minutos tarde, pero no por culpa de los dorsales, que se entregaron en tiempo, sino porque alguien se había entretenido en cambiar las señalizaciones. Censurable gamberrada. Inocente chiquillada, al fin los disculpé. 
En mi lejana adolescencia tantas veces había sido agente de similares trastadas. Que fácil es disculpar las acciones propias.
Salimos a buen ritmo, en un grupo con 4 del CAS, que finalmente se disgregó en el ascenso duro de tierra. El ambiente era de compañerismo y disfrute, muy agradable. 
Así sin mayores incidencias llegamos al kilómetro 6, primer avituallamiento.  Había un corredor ensangrentado, como muestra de la necesidad de precaución en los llamados tramos técnicos. Tenía tan sólo un corte transversal frontal de 1 cm, ya cerrado, pero de una aparotisidad llamativa. Poco ruido y muchas nueces.  
Continuamos por la margen derecha, por un camino de tierra y piedras húmedas, resbaladizas. El río rugía próximo  y las aguas hervían saltando entre las piedras. (No en vano en gallego se llaman fervenzas). 
El paisaje era precioso.   Corría persiguiendo a una jovencita, mientras otra chica me perseguía a mí. El paraiso en la tierra. 
Posteriormente, cuando el camino se ensanchó, me distancié, que incluso el paraiso por repetido se hace monótono. Llegamos así al km 12, segundo avituallamiento. Una chica nos animaba :"venga, que lo más difícil ha pasado". Le respondí : "para el deporte y la vida, lo pasado ya está superado, lo difícil  es siempre lo que queda". Me miró reflexiva y admirada me respondió "que razón tiene". Y es que a partir de cierta edad, las afirmaciones rotundas y severas pueden parecer  sabias sentencias. No conviene excederse a riesgo de quedar en evidencia de que se trata simplemente de bobadas solemnes.

Proseguimos y comencé a notar que me faltaba fondo y caminaba por trayectos que debería pasar corriendo. El trayecto estaba perfectamente señalizado. Cintas de Gadis indicaban el trayecto. (Empleo la marca comercial. Me parece justo ayudar a quien colabora).  El trabajo de colocarlas  debió de ser realmente prolijo y me pareció excelente. 
Pues bien, no hay nada que uno del CAS no pueda conseguir : me perdí y os puedo asegurar que no era nada fácil. No puedo explicar como, pero en un momento determinado, cuando una ristra de corredores subíamos sofocados una larga cuesta alguién desde atras, mas experto o desconfiado, preguntó : "veís las balizas". (Me maravillé además de atletas, eruditos. Así que a unos trozos de plástico colgados de las ramas se les llama balizas. ¡Que preparados, coño!). La pregunta fué rebotando. Delante de nosotros, no hubo respuesta. El que me precedía, por si además de cegatos eran sordos o iletrados y no habían entendido, preguntó más fuerte: "veis las señales" . La respuesta resultó de antología :"no, pero va todo el mundo por aquí". Nos miramos. Resulto ser uno del CAS que corría con vestimenta de incógnito y no cito su nombre para evitar sanciones pecuniarias. No hizo falta hablar. Serían las horas de complicidad por los entrenamientos o  la sorprendente respuesta, dimos la vuelta de inmediato. Con quien manifiesta tan sorprende lógica no se puede seguir ni un metro más. A unos 500 metras mas abajo estaban atravesados 5 metros de cinta que indicaban que por allí no era. Fuimos recibidos con cierta güasa y tildados de reyes de la orientación, (quizá también nosotros abdicados). 
A partir de allí, francamente desfondado, sin incidencias hasta Betanzos. Llegué tan mal que el ascenso a Santa María do Azogue lo hice andando. Ni amor propio, ni espectadores. No podía. 
Hay un dicho uruguayo que afirma "a partir de los 50, quien no da pena, da plata". Hace tiempo que cumplí los 50 y os puedo asegurar que cuando llegué a la meta, no daba precisamente plata.
Mi reencuentro con el trail me pareció fabuloso. La carrera fué excelente.
Quedé encantado. . . . .de haber llegado.

                                                                                        Paco.

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